Soy un tradicionalista.Hoy no es Halloween, para mi es el día de Todos Los Santos,una jornada de recogimiento con nuestros muertos,por un día este sitio se convertirá en un Camposanto para honrar la memoria de mis difuntos.No me bastará la propia vida para agradecerles lo que hicieron en la suya…
El “Avi Siscu” me hizo de padre hasta los nueve años.Combatiente republicano, anarquista irreductible y ateo irredento.Era un luchador de la libertad que cuando regresaba de su larga campaña del Rif subió hasta el palo más alto del barco que transportaba la tropa para defecar sobre los mandos.Lo reenbarcaron a Ceuta para cumplir seis meses más de arresto.La casualidad quiso que entre los pasajeros viajará también un oficial llamado Francisco Franco,¡cuantas veces le oí decir que era el único que podía decir,con propiedad,“me cago en Franco”,literalmente lo hizo!.Cuando terminó la Guerra Civil colaboró con la resistencia francesa contra Hitler dando cobijo a combatientes y algún que otro maqui.Ni los más acérrimos franquistas osaron importunarle,todo el mundo le procesaba un respetuoso afecto,todos requerían su consejo,era el patriarca de “la calle”,un poco padre de todos,hombre sabio donde los hubiera.Le bastaba una mirada,una ceja arqueada,para imponer su disciplina,nunca levantó la voz y mucho menos la mano,el más entrañable de los cascarrabias.Recuerdo que me despertó de madrugada para ver a Armstrong poner su pie sobre la luna, en un televisor en blanco y negro donde no se apreciaban más que sombras difusas,despertando mi pasión por la astronomía.El patio estaba a rebosar de gorriones y jilgueros,cientos de ellos,con las puertas de sus jaulas abiertas.Esnifaba rapé a todas horas y mascaba tabaco,y su eterno caliqueño apagado entre los labios.Con noventa y seis años caminaba encorvado sobre su bastón muchos kilómetros cada día,se sentaba en el parque con su bolsa de migas para las palomas,allí echaba una cebezadita,hasta que,en una ocasión,no despertó…
A la “Yaya Anna” cuando le preguntabas qué día era respondía con el santo de la jornada.Lo cierto es que todo el santoral no merecía dedicarle un día tanto como a ella.Una santa mujer,su devoción era inversamente proporcional al descreimiento del abuelo,que evitaba renegar en su presencia para ahorrarse sus sonadas reprimendas.Angelus,rosario y misa diaria…a Dios rogando y con el mazo dando,una mujer abnegada que daba más que recibía,feliz con hacer feliz.Cuando pagaba mis travesuras sin cenar,siempre,a escondidas,me llegaba su “pa sucat amb oli” de alguna manera.Todos los días terminaba soñando en su regazo mientras cantaba nanas,explicaba cuentos o contaba historias de santos junto al brasero. Nunca degustaré “escudella i carn d’olla” o “sopa de carbaça” como las suyas,huía de sus remedios para abrirme el apetito,para ella siempre estuve flaco,necesitaba engordarme.Sobrevivió pocos años a su marido,eran el uno para el otro…
Mi padre, Miquel Cabanas, estuvo poco tiempo conmigo y mis dos hermanas,mayores que yo,cuatro años apenas,sé que era muy amigo de sus amigos y éstos le acarrearon su perdición:sufría de insuficiencia hepática y a sus compañeros de trabajo en “Can Rata”,donde curtía pieles,no parecía importarles cuando jugaban a empedernidos bebedores en “cal curt”,el bar de “la Calle” (que es como llamábamos al carrer Sant Francesc).A fuego tengo grabada la secuencia,desde el balcón, de mi padre desfallecido a hombros de otros hombres corriendo desde el bar hasta mi casa como un torero corneado asistido por su cuadrilla.La casa era un mar de lágrimas,mi abuela dudó de dios durante su agonía.Me llevaron hasta su alcoba,puso su mano sobre mi cabeza…y lo vi morir,todavía siento su tacto.
Cinco años estuvimos huérfanos hasta que mi madre conoció a Andreu Sala,un taxista con parada cerca del “Hotel Colón” donde trabajaba, ella usaba su taxi para ir de aquí para allá en el trajín de aquellos años hasta que se casó con él,en segundas nupcias,en el sesenta y nueve. Mi padre (me resisto a llamarle padrastro) compraba lotería todas las semanas en la administración justo enfrente de su plaza de taxista,nunca ganó nada,dejamos Vic en Octubre de ese año y en diciembre tocó el gordo de Navidad íntegro en esa administración, cuando lo recordábamos se encogía de hombros y afirmaba que en él recayó un premio mayor.No era un hombre con suerte…nosotros sí.
Con sus ahorros compró un bar en la Costa Brava,en primera línea, y conocí el mar,que aún hoy me fascina.Toda una vida trabajando duro para sacar adelante “su” familia.Nos dio una hermana más que no pudo llevar al altar.Un gran abuelo para mis hijos y sus demás nietos.La leucemia lo truncó todo.Luchó,como siempre,y tras meses postrado en una cama del Hospital Clinic parecía que había vencido,pero meses después,una maldita tarde,una ambulancia lo recogió de urgencia,contra todo pronóstico, para llevarlo a Barcelona,me llamaron y me apresuré detrás de él,llegué con el tiempo justo para cogerle la mano,me la apretó con sus últimas fuerzas mientras mi madre no dejaba de repetir “otra vez no,señor,otra vez no…!”.
Gracias a todos por vuestras vidas,que no pagaré ni que viva eternamente, y sabed que,por fin,he sentado la cabeza.
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